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lunes, 27 de junio de 2011

Desde lo más profundo y lo mas secreto...

 Ana, una joven muy particular y de un carácter muy extraño. Sentía estar algo decepcionada en cuento a su persona, más bien por sus sentimientos indefinidos en la mayoría de las situaciones de su vida.
Ana pensaba de formas diferentes muy seguido, era algo extraño. Temía pensar en su futuro debido a que en algunas situaciones de su vida, lo que pensaba se cumplía pero totalmente al revés. Pensaba que era fea, sus labios algo chuecos y sus dientes desgastados de un lado. Que su cuerpo sufría de varias enfermedades en la piel, perjudiciales para le atención de los jóvenes.

 Conocía a otro joven, cuyo poseía unos años mas de edad que ella. Se conocían hace tiempo. Ella se sentía atraída indefinidamente por el, ya que no se veían muy seguido.
Lo que no hacía que muriera esta atracción era su perfecto rostro, o quizá solo para ella. Tenía ojos marrón intenso de lo más común. Su nariz caía perfectamente hasta llegar a una pequeña curva. Sus cejas eran simples y hermosas para ser un hombre… y su sonrisa era la más bella y admirable de su rostro, era realmente atractiva y seductora. Esta era en realidad la debilidad de Ana.
 Su personalidad era algo tímida. Lo que realmente hacía de el una gran y admirable persona era su responsabilidad y amabilidad. Le gustaba la libertad y la feminidad en las mujeres.
Todo esto hacían de el un joven ‘perfecto’.
 Ella se definía no como linda, pero había momentos de presunción. Su rostro era orondo, debido a sus mejillas. Tenía nariz cuadrada en el principio aunque no se notaba, la cual no era de su agrado. Sus labios eran carnosos y rojizos, con una sonrisa no tan bella como la del joven. Tenía ojos marrón miel a la luz, con cejas algo gruesas. Debajo de sus ojos, parecían esconderse curvas formadas con la sensación de estar hundidas. Su piel era tan blanca lo cual se podía notar parte de lo superficial de cuyo interior.
 Ella no sabía lo que pensaba el al respecto de ella. Sus gestos eran muy confusos, por esto siempre se desilusionaba o se entusiasmaba. Este aprecio, en ocasiones, hacía que ella lo ignorara, ya que sentía que era realmente infrecuente e insólito. 

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